Sacos de arena en los bajos de Nueva York para prevenir posibles inundaciones por el paso del huracán 'Irene'.
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Nueva York se prepara para vivir un día como ningún otro en su historia a la espera de la llegada esta noche del huracán Irene con vientos que pueden alcanzar los 125 kilómetros a la hora y que han obligado a dejar sus casas a más de dos millones de personas a lo largo de la Costa Este y ha suspendido los servicios públicos de transporte y cerrado grandes áreas de Manhattan, Brooklyn, Queens y Long Island.
Cuando amanece en la Gran Manzana el sol comienza a dejarse ver tímidamente sobre los rascacielos y a diferencia de lo que suele suceder en un sábado tranquilo de finales de agosto ya hay mucha actividad en las calles. En Coney Island, en Brooklyn, o en los Rockaways, en Queens, la policía recuerda por altavoz a los vecinos que deben marcharse, obligatoriamente, antes de las cinco de la tarde hora local (las 11 de la noche hora española).
"Si deciden quedarse en la zona A, de evacuación obligatoria, se están jugando la vida y estarán solos en caso de que necesiten ayuda porque los servicios de emergencia no podrán entrar", ha dicho el alcalde de Nueva York, Mike Bloomberg, que ha ordenado la salida de sus viviendas de unos 300.000 vecinos.
Nueva York es hoy Dodge City, aquella ciudad del Oeste de la que sus habitantes salían en masa cuando llegaban los pistoleros. Hay prisa para abandonar algunos de los pueblos de Long Island, con sus primorosas playas de arena blanca y que es muy probable que queden completamente destruidas tras el paso del Irene, que ha llegado a Morehead City, en Carolina del Norte, con vientos constantes de 145 kilómetros por hora y con más de 10 centímetros de lluvia por hora.
"Todavía tiene categoría dos y aunque pierda potencia a lo largo de la Costa Este es muy peligroso. Lo importante no es tanto la fuerza del viento sino el tamaño y el tiempo que estará sobre algunas zonas muy pobladas", ha manifestado Mike Brennan, del Centro Nacional de Huracanes de Miami. Long Island está en el centro del paso del huracán y por eso se ha recomendado a la población que salga cuanto antes. Incluidos los que viven en Fire Island que tienen hasta las cuatro de la tarde hora local (las 10 de la noche en España) para abandonar en el último ferry que les saque de allí.
"Último tren"
Los conductores, maquinistas y ferroviarios se encargarán durante más de ocho horas de esconder los trenes en los túneles y de aparcar autobuses y vagones en zonas lejos del lugar por el que el Irene entre en la ciudad. Los aeropuertos John F. Kennedy y La Guardia, en Nueva York, y Newark Liberty International, en Newark, los más importantes de la Costa Este, han cerrado sus pistas al tráfido nacional e internacional y otros aeródromos locales también han suspendido sus vuelos.
Broadway ha cerrado sus puertas y no habrá musicales y teatro durante el sábado y el domingo por la noche y en Atlantic City, en el estado de Nueva Jersey, otro de los que sufrirán los vientos y la lluvia, se han cerrado los 11 casinos más importantes de la ciudad. Algo que ha había sucedido dos veces anteriormente en las últimas tres décadas.
Se espera que lo peor del paso del huracán se produzca al amanecer de mañana y dure unas seis horas cuando pueden alcanzarse vientos de más de 125 kilómetros por hora que se extiendan por más de 150 kilómetros de diámetro. Y que afecte al Bajo Manhattan, incluida Battery Park, donde el río East ya está ahora muy oscuro y nervioso, con pequeñas olas que presagian lo que está por llegar.
Mucha lluvia a lo largo de la tarde y una subida de la marea que puede superar los tres metros y anegar grandes zonas cercanas al puerto de la ciudad. Miles de enfermos en los barrios de Queens y de Long Island han sido ya evacuados porque los hospitales donde se encontraban se encuentran cerca de la playa o en lugares donde la subida de la marea producirá grandes inundaciones.
Gracias a ADN.es
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